01 noviembre 2005

El Capítulo cinco: La esfera Victoria


El inadaptado ha creado la segunda edición del relato encadenado y tras Diario de un Luser me ha vuelto a tocar escribir el capítulo5:


Tras el golpe seco, el taxi se paró al instante.

- Me cago en la puta- dijo el taxista- lo que me faltaba.

Bajó del coche, ella miraba atónita la cantidad de curiosos que se acercaban al coche. Decidió bajarse para ver qué había pasado.

Dos metros delante del coche yacía la chica que acababan de atropellar, tenía el pelo cubriéndole el rostro, no se movía y nadie se atrevía a tocarla. Un reguero de sangre salía de la parte trasera de su cabeza y hacía un río hacia la alcantarilla.

En su mano parecía guardar algo. Un escalofrío recorrió su espalda al ver que se trataba de la esfera Victoria, era inconfundible por el óxido y las dos aberturas de sus extremos. Tenía que conseguirla.

Se armó de valor y fingió ante el público ser médica. Empezó unas torpes e inútiles maniobras de resucitación sobre aquel cuerpo muerto. Comprobaba un pulso inexistente y mandaba aire a unos pulmones que ya no funcionaban. Había demasiada gente observándola, no quería levantar demasiadas sospechas.

Puso el cuerpo en una posición más cómoda mientras tomaba la esfera y disimulaba guardarla en el bolso de la chica al tiempo que la escondía en su propia manga.

De repente oyó un derrapaje de ruedas y el rugir de un motor. Miró hacia atrás y vió huir al taxista.

- Será Hijoputa!!

En ese momento apareció la policía.

- Joderrr...-murmuró entre dientes- mientras seguía haciendo el numerito.

La gente alrededor estaba muy nerviosa. Nadie había tomado nota de la matrícula del taxi, más preocupados por el morbo de la sangre y todo el mundo señalaba a "la médica" como la que más sabía del asunto.

- ¿Le importaría acompañarnos?

- Pssi, claro - Notó que se sonrojaba al contestar, mientras dejaba de jugar con aquella marioneta muerta.

Llegó la ambulancia y tapó el cuerpo. La policía la interrogaba sobre el taxista. En una llamada les informaron que además había perdido la placa SP que le identificaba como taxi en su huida. Todo se complicaba. Notaba que la miraban como culpable, y eso no le estaba gustando. Sentía que la estaban cargando con el muerto, nunca mejor dicho.

La esfera seguía escondida en su manga, la notaba allí al hacer aspavientos con las manos dando explicaciones. Pensó que se le podía caer y metió la mano en el bolso para guardarla, mientras cogía otro chicle.

Miró la hora. Tenía 45 minutos par llegar al puerto.

El que hacía de "poli malo" la observaba con mosqueo desde hacía bastante rato. Notaba sus ojos clavados en su cara, en sus manos, podía notar como analizaba todos sus movimientos.

- Perdone, ¿Le importaría que echáramos un vistazo a su bolso?


Continuará en La verguenza de la familia

3 comentarios:

El inadaptado dijo...

Mooooola. Hemos pasado de Bukowsky a Dan Brown en apenas tres capítulos. A ver si cogemos el ritmo de una vez al relato, que esto empieza a ser muy interesante...

laceci dijo...

Lo curioso es que la esfera victoria existe, aunque el tamaño es de un balón de fútbol.

Fué lo primero que encontré buscando objetos misteriosos en google.

Wishcure dijo...

Genial...el tema está que arde. Seguiré impaciente el resto de capítulos.

Un saludo.